Hoy por la mañana sonó el despertador y sinceramente no me quería levantar pero tan sólo pensar en recorrer en Taxi los 17 kilómetros de hay entre mi casa y la oficina a la hora pico me hizo levantarme y alistarme para venir a la oficina. Aún hoy no pude dejar de recordar lo que sucedió el fin de semana.
El viernes por la noche mientras esperábamos a unos amigos en casa para cenar, mi esposa recibió una llamada telefónica (acaso hay de otras todavía), una de esas llamadas que a nadie le gusta recibir. Ese mismo día por la tarde Ricardo, papá de sus sobrinos Frida y Sebastián y ex esposo de su prima cinthia había perdido la vida cuando una camioneta tripulada por cuatro jóvenes se estrelló contra su auto.
Nadie está de verdad calificado para decir algunas palabras en un evento de estas magnitudes, ¡por favor! Frida y Sebastián perdieron a su papá terrenalmente hablando (puesto que le expliqué a Sebastián que no lo había perdido que simplemente había ganado un angelito que siempre lo iba a cuidar). Es impresionante escucha todo lo que comenta la gente en este tipo de eventos, era impresionante escuchar lo que yo tenía que decir ante tan desastroso desenlace de la vida de un hombre que a pesar de no haber sido la pareja ideal de mi prima Cinthia era el mejor papá que Frida y Sebastián podían tener, era impresionante y la vez deslumbrante ver la cantidad de personas que se dieron cita en el panteón Jardines del Recuerdo para despedir a Ricardo.
La pena, la sensación de impotencia, el enojo, la tristeza nos hacen decir cosas que en situaciones normales no pensamos en decir. Gran parte de la familia de mi esposa estaba enojada con los cuatro chavos que iban en la camioneta, mismos que también perdieron la vida. Y estaban enojados con justificada razón, aunque en esos momentos ya nada se podía hacer. Mi pena nacía no sólo por la partida de Ricardo a un lugar mejor, sino también por las cuatro familias que tuvieron que ver partir a sus hijos por el descuido y la imprudencia del que en esos momentos iba manejando la camioneta. El día del velorio cuando acompáñamos a mis sobrinos a que comieran algo, un hombre totalmente desencajado recargaba su cabeza sobre sus brazos postrados sobre la mesa de la cafetería, mi principal pensamiento era que se trataba del papá de una de la niñas que viajaban en la camioneta puesto que la estaban velando ahi. Solo espero de verdad que se mi hijo el que me entierre a mi y no yo a él, esa es mi pricipal plegaria a Dios en estos momentos.
¿En cuanto a lo que espero de esto?, bueno, eso es simple espero que la Familia de mi esposa pueda perdonar a esos cuatros niños o más bien al que iba tripulando la camioneta, porque durante mi vida ha sido mi acompañante en varias ocasiones el que me ha dicho que le baje a la velocidad y en este caso también esto pudo haber sucedido, dudo mucho que los otros tres tripulantes hayan alentado al mismo tiempo al piloto a que le subiera, espero también que Ricardo de verdad esté en un lugar mejor ya que aunque no lo traté mucho, la impresión que me daba era de un tipo dedicado a sacar a sus hijo adelantes, entiéndase, un buen Padre y además de todo era un buen Padre educado cosa que no puedo decir de muchas personas que conozco. espero también que Frida y Sebastián recen cada día y que durante sus rezos se puedan dirigir con su papá y decirle lo mucho que lo aman y lo mucho que lo extrañan, estoy seguro que ricardo los va a guiar desde allá donde está ahora. Espero también que el día que Dios decida que es tiempo para mi de ir a visitarlo yo esté en paz con todos mis seres querido para que cuando me recuerden digan: "Lo último que me dijo fue que me quería mucho"
La mañana ha llegado y es un día nuevo, los pájaros se escuchan cantar a lo lejos y el sol comienza a asomarse por encima de los edificios. Es un día nuevo y tan sólo espero que Ricardo esté donde esté se encuentre bien y que Frida y Sebastián puedan verlo con su nuevo ángel guardián.
martes, 26 de febrero de 2008
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